El día posterior a que se cumplieran exactamente diez años del traspaso por parte del Reino Unido de la ex colonia de Hong Kong a China, el diario en ingles “South China Morning Post” publicaba en su primera plana y a modo de primicia, la noticia de unas “conversaciones secretas” que hombres de negocios de Hong Kong habian mantenido con las autoridades de Beijing a pocos días de ocurrida la masacre de Tiananmen en 1989. Estas conversaciones, decía el periódico, fueron celebradas entre un puñado de “hombres de negocios” de Hong Kong y las autoridades del comité central del PCCh. El grupo de magnates habría ofrecido 10.000 millones de dólares por diez años de autonomía para el enclave. Según el diario, la existencia de esos contactos fueron revelados por una fuente hasta ese momento secreta del gobierno de Beijing.
Si estas negociaciones efectivamente existieron o no, hoy nos parecería poco importante. Son indicativas de los procesos de imaginación política que la ciudad produce. El hecho de que estas conversaciones solo hayan podido tomar estado publico bajo el aspecto sensacionalista de una “desclasificación de archivos secretos” cuando ya paso el peligro o como la “filtración” de una infidencia demorada entre burócratas ya retirados del poder efectivo, expresa en realidad, las ansiedades colectivas que los residentes de HK siguen teniendo sobre los posibles destinos políticos de su ciudad.
La historia de Hong Kong puede ser vista como un largo proceso de reuniones, negociaciones y conversaciones a puertas cerradas entre los diversos representantes de poderes soberanos que tomaron a este enclave como objeto de disputa. Y su expresión fueron unos tratados que o bien anuncian plazos que se ciernen amenazadores en el tiempo o presentan retrasos estratégicamente introducidos como letra chica.
Entonces el despliegue de esta noticia nos demostraría, por un lado, el apego que los residentes de HK tienen por las amenazas catastróficas combinado con un sentimiento de frustración dado por la sensación de que solo altos oficiales deciden a puertas cerradas y con agendas secretas deciden el destino de la ciudad.
En 1983 un tifón asolo a la ciudad causando grandes daños. Al día siguiente del paso del huracán, el dólar de Hong Kong se derrumbo y el secretario de finanzas de la ciudad asocio públicamente la incertidumbre política y económica a la inestabilidad meteorológica. En 1997 el año del traspaso de la administración colonial coincidió con los primeros 6 casos mortales de gripe aviar registrados en el área de Kowloon y se temió que una enfermedad de contagio masivo asolaría a todo el sudeste asiático en cuestión de días… Ese mismo año, HK fue golpeado por una crisis financiera que comenzo en Tailandia y arrastro a toda Asia… El gusto desarrollado por los habitantes de HK por las situaciones de riesgo y las fluctuaciones de la fortuna se pone de manifiesto cotidianamente en el seguimiento de la bolsa de valores, los flujos de crédito internacional o las apuestas. No hay que tener acciones para participar del deporte especulativo de la bolsa, se pueden seguir por televisión y proporcionan agradables momentos estadísticos a toda hora. Al tope del encabezado del diario la sensación térmica comparte lugar con los resultados de las carreras de caballos del hipódromo local. Pero la especulación también los expone a un cierto regodeo en pensar alternativas, a ensayar permanente pensamiento corntrafactual. Que hubiera pasado si esas negociaciones hubieran llegado a un acuerdo? Y si se hubiera intentado lo que en ese momento parecía altamente improbable y hoy ya no?
En los días posteriores a la resolución sangrienta de la crisis de Tiananmen, muchos hombres de negocios de Hong Kong se pusieron nerviosos y echaron mano a todo tipo de ideas en un intento desesperado por conseguir ante Beijing un poco mas de tiempo ante lo que parecía inevitable. Mientras se apuraban reuniones y brainstormings secretos, los residentes comenzaban a hacer sus propias apuestas. Los más optimistas proyectaban un escenario donde la ciudad sufriría una nueva crisis de refugiados como al final de la guerra civil de 1949. Millones de exiliados políticos llegarían de China continental y colapsarían los servicios sanitarios de la ciudad. Ni siquiera significarían mano de obra barata para una industria manufacturera ya inexistente. Otros imaginaban una anexión forzada de la colonia mediante una invasión del Ejercito Popular Chino. Muchos dieron por sentada esa posibilidad como la más probable y comenzaron a solicitar las visas a las embajadas para emigrar. Los sucesos de Tiananmen estaban siendo televisados en directo y confirmaban esa presunción. Otros, por su parte, vaticinaban un éxodo masivo de habitantes al acercarse la fecha de traspaso de 1997. Los británicos también pensaron lo mismo y restringieron la cantidad de visas, para no sufrir ellos una invasión de chinos también. Más de medio millón de habitantes abandono HK entre 1984 y 1997. Todos ellos lo hicieron por el aeropuerto.
El aeropuerto de Hong Kong fue durante esos años, el nudo gordiano logístico y político de la ciudad. Hasta los años ochenta, incluso fue una de sus postales mas características. Recuerdo películas que incluían la celebre toma de un callejón con casas de renta superpobladas y al final del mismo siempre emergía un Jumbo pintado con los colores de “Cathay Pacific”, la aerolínea de bandera de la colonia. Pero el aeropuerto era también el escenario donde se representaba el melodrama de la transición de habitantes-residentes a refugiados-emigrantes. Que mejor lugar que un aeropuerto para escenificar la ausencia de derechos políticos junto con la congestión de trafico? Su traslado, (decidido el mismo año de la confirmación del traspaso de soberanía) constituyó una maniobra política de las autoridades muy publicitada que, basándose en la eficacia propagandística de las obras de infraestructura, busco instalar en los residentes de HK un proyecto que de alguna manera garantizara una sensación de continuidad de la ciudad a través de una “gran empresa hacia el futuro” que sobrepasara la fecha de traspaso. Las autoridades arribaron a una formula paradójica donde la ciudad cambiaba de manos, pero el aeropuerto seguía siendo uno solo pero en otro lugar. Dos ciudades, un aeropuerto. El Aeropuerto de HK es hoy el más grande del mundo, fue diseñado por una firma de arquitectos británicos y fue inaugurado en 1998, se dice que retrasado, un año después del traspaso.
Pero hay quizás haya algunas continuidades que se fueron perdiendo de vista entre tantas fabricaciones y divisiones simbólicas. A la luz contrafactual de aquellas improbables conversaciones cerca del abismo de 1989, la China actual puede ser pensada como un experimento de HK? O HK nunca dejo de ser un experimento imperial sino-británico? Nadie se atrevería fundamentar a estas conjeturas al igual que la veracidad de aquellas conversaciones. Pero cuando Deng Xiaoping comenzó la implementación de las reformas económicas en China a finales de los 70’s, los hombres de negocios de HK fueron parte importante de ese proceso. Los primeros experimentos económicos fueron llevados a cabo en un área adyacente al territorio de HK llamada Shenzen, donde los inversores de HK instalaron las primeras fábricas. Cuando esas reformas se profundizaron, toda la industria manufacturera de HK se traslado a China debido al bajo costo de la mano de obra y asi HK se trasformo en la ciudad de servicios financieros que conocemos hoy en día. En 1984, bajo la declaración conjunta chino británica, el Reino Unido accedió a transferir la soberanía de HK a la Republica Popular China en el año 1997 utilizando la frase “un país dos sistemas” como salvaguarda del proceso. El tratado también estipulaba que HK seria administrado como una región administrativa especial, reteniendo la mayoría de sus leyes (en una mini-constitución denominada “The Basic Law”) y conservando su alto grado de autonomía y (libertad de prensa) por lo menos hasta 50 años después del traspaso. Asi como la “Zona especial Económica de Shenzen” fue un experimento compartido entre HK y China, la “Region Administrativa Especial de Hong Kong” podría considerarse un experimento político llevado adelante por China y HK bajo la frase que inventara Deng Xiaoping.
La nueva cifra con la que todos especulan es ahora 2047.
Hong Kong y la vecina Macau, son las únicas dos ciudades de China donde hoy esta tolerado conmemorar los eventos de Tiananmen.
En las primeras escenas de “Chunking Express” de Wong Kar Wai, hay una banda de pasadores de droga indios comandados por una mujer china que se dirigen a través de infinitos pasillos a unos microscópicos talleres de costura, verdaderas cuevas donde de un día para otro, los integrantes de la banda son provistos de trajes a medida. Siempre pensé que esta escena era una exageración impuesta por la velocidad del guión no por la economía de los trajes.
Cualquiera que camine por las calles del circuito comercial de Kowloon, será indefectiblemente aproximado por unos insistentes hombres de origen indio de camisa blanca arremangada y pantalón pinzado negro, que ofrecen la tarjeta de su “studio” o “atelier” en donde en menos de tres días le pueden fabricar tres (3) trajes a medida y cosidos a mano, (incluyendo las camisas) por menos de 900 euros. Semejante noticia pasaría desapercibida e incluso adolecería de cierto provincianismo en muchas ciudades que se consideran globales. Pero en una ciudad que se jacta de que para hacer negocios y actuar en política es indispensable tener tarjeta personal y trajes, uno comprende porque los sastres han devenido en polemistas de la escena pública con un protagonismo que ni siquiera Adolf Loos se hubiera imaginado 100 años atrás. Los sastres, un gremio que en otras ciudades ha ido desapareciendo lentamente a manos de la ropa estandarizada provista por shoppings y cadenas comerciales, parecen en HK los conspicuos representantes de una urbanidad que la vida publica de las metrópolis nunca se resigno a perder.
El traje llego a Hong Kong de la mano de los primeros sastres indios que suplían a la administración colonial británica.
En un mundo donde la ropa no hace más que demostrar el triunfo del gusto proletario, (Sans-culottes, des-camisados, trajes mao, jeans, havaianas, etc), la preocupación por los trajes a medida parece un tópico reservado a asesores de imagen de políticos profesionales en campaña. Y lo es, pero…
Raja Daswami, es “el rey” de los sastres de Kowloon. Encontramos en uno de los reportajes de su pagina web una cita contundente. “…la crisis de las empresas de la primera burbuja de internet era de esperarse, ya que los jóvenes entrepreneurs de las “dotcom” se vestían con chombas polo y pantalones “khakis” de “The Gap”. Que se puede esperar de gente que se viste asi? Raja Daswami, sin saberlo, discute con Tom Wolfe sobre las implicancias políticas de la apariencia del “hombre común”. Mientras para Wolfe los “pioneros” de un sector innovador como la informática se deberian vestir con ropa de “hombre común”, para Raja Daswami la aproximación democrática a la vestimenta parte de presupuestos muy distintos. “Nosotros hacemos lo que usted quiera, de cualquier forma, no somos orgullosos” dice quejándose respecto a la gente que compra trajes cortados por computadora y les son vendidos por incompetentes que les dicen lo que tienen que usar.
Pero al contrario de lo que se podría pensar, “Raja fashions” profesa fervientemente la
fe en la globalización. La globalización, o sea la combinación de vuelos baratos + internet, es la que ha permitido expandir un oficio tan íntimo y personalizado como lo era la sastrería a medida. La globalización no necesariamente implica vestirse mal, podría ser una de sus frases pensando un poco en ese joven inversionista global que viaja en primera clase en bermudas y ojotas. A partir del traspaso de soberanía en 1997, todos los clientes británicos de Raja abandonaron la ciudad. Se le ocurrió que lo mejor era seguirlos. Ahora si alguien reside en Londres, puede dirigirse a un hotel donde un equipo de sastres comandando personalmente por el propio Daswami toma sus medidas (e incluso filman un video del cliente), En minutos los datos son enviados por mail a HK y en menos e cinco días el cliente ya disfruta de sus tres trajes a menos de mil euros.
Raja Daswami encara su trabajo como una “misión” al estilo de las aventuras reformistas de Adolf Loos, quien a principios del siglo XX desde las paginas de “Das Andere” se había decidido a introducir “la cultura moderna” en una sociedad europea dominada en la vestimenta por protocolos cortesanos. “La gente quiere vestirse bien, pero son mas conscientes de sus presupuestos de lo que solían serlo” Loos no lo podría haber dicho mejor. A partir de estos cálculos, me viene a la mente una anécdota de Frank Lloyd Wright que al salir de su ciudad natal lo primero que hizo fue hacerse un traje y después estuvo vagando durante cuatro días seguidos por Chicago sin tener que comer. Al cuarto día, se presento al estudio de Sullivan y con su traje y una gran sonrisa (y de parado), dibujo la perspectiva que le significo el ingreso a su carrera profesional.
Pero el retailing de ropa casual no es tan fácil de desestimar. Si la industria del sastre esta más a gusto con las aspiraciones de la clase media y sus grandes representantes, los abogados exitosos con ambiciones políticas, el nuevo activismo callejero tiene a su empresario de la indumentaria devenido en activista urbano. Jimmy Lai es uno de esos refugiados de la guerra civil de 1949 que huyo de la revolución a los 15 años para comenzar su vida pública como mano de obra barata en los talleres textiles de HK. En los años ochenta creo su propia copia de “The Gap”, llamada “Giordano”, para vender ropa casual pero de calidad, a precios accesibles. Asi hoy “Giordano” es la tienda de ropa casual urbana mas famosa en todo Asia. Pero Jimmy Lai además de ser un hábil hombre de negocios es un irritante opositor al régimen de Beijing y a sus representantes en el gobierno de |HK. A mediados de los 90 vendió la marca de ropa y se propuso formar un multimedios para competir políticamente con los medios oficiales y creo Nextmedia. La fecha de traspaso se acercaba y como liberal profeso pensó que debía posicionarse respecto a la burocracia y la censura chinas en la batalla que se aproximaba por la libertad de prensa después del traspaso de soberanía. La RHTK un especie de BBC local, ya empezaba a tener problemas de censura aun antes del advenimiento de internet. Con gran audacia lanzo en 1995 “Apple” el segundo diario de tirada en cantones de HK, sensacionalista y medio de referencia de todos los activistas prodemocracia de la ciudad. Ante el advenimiento de internet se subió a la ola de inversiones de la segunda mitad de los 90. Y también le fue tan mal como a los otros que usaban la misma ropa que el. Pero a medida que su diario crecía en número de lectores, su prestigio como activista crecía en la ciudad junto con su apoyo a las grandes marchas pro comicios libres de Julio de 2003. Su influencia política se acrecentó y los roces con el gobierno también. Un pionero de la democracia que no es abogado ni usa traje pero es empresario de internet y usa khakis, representa una forma de activismo particular en el espacio publico de una ciudad estado que todavía no puede gobernarse a si misma.
El espacio público por excelencia en estos días en Hong Kong es paradójicamente, un espacio ideado para un ritual monárquico. El muelle que la reina de Inglaterra usaba a su arribo a HK, el “Queen’s pier” esta ocupado por activistas hace ya varios meses. Enfrente de este pequeño edificio, unas grúas de demolición flotantes, esperan con toda paciencia el cansancio de sus ocupantes para comenzar su tarea de derribo. Este conflicto escenifica las sutiles diferencias entre desarrollo urbano y negocio inmobiliario .Estas situaciones ambientales han despertado una creciente ola de activismo local, un activismo menos vinculado a la gran causa por la democratización de la ciudad, pero si comprometido con comunidades locales donde practican pequeños experimentos de autogestión y preservación. Este activismo pone en evidencia el problema territorial que la dinámica democratizadora de “alto perfil” parece obviar al no tener ni redes, ni herramientas adecuadas para operar en ese ámbito. Surgen así dos tendencias. La de los abogados exitosos que confían en llegar a los comicios directos a través de pequeños avances por medio de la legalidad y privilegiando esta forma de disputa en cada texto de ley, caso a caso, por sobre el estilo autocrático del gobierno de Beijing y la de los activistas partidarios de causas locales relacionadas con el espacio publico que recurren a métodos directos cómo la ocupación o las marchas para enfrentar, centímetro a centímetro, los desalojos y las demoliciones que la especulación inmobiliaria y el departamento de desarrollo urbano llevan a cabo. No hay mucha conexión entre estos dos sectores todavía. Pero la abundancia de problemas ambientales y de desarrollo urbano asegura a la recién creada “sociedad civil” de HK, un activismo “sustentable” sobre todo si esta basado en la idea de espacio publico en una ciudad jaqueada por la especulación inmobiliaria y sin posibilidad de elegir sus propias autoridades.
Los grupos de activistas de HK están formados mayormente por residentes de los barrios, cuerpos profesionales, políticos y jóvenes. Pero con una legislatura ampliamente dominada por representantes funcionales a sus propios negocios, la clase media de HK y los profesionales ven al activismo cívico como un medio de combatir la falta de respuesta de una administración enganchada en estrategias decisionistas de arriba hacia abajo y manejadas por oficiales apáticos ante cualquier reclamo de ciudadanos ordinarios.
Pero “cuando la resolución de problemas no funciona, el compromiso continuo representado por el activismo, se vuelve aun mas importante.” Muchos escépticos y visionarios aseguran que la represión de Tiananmen dio nacimiento a las preocupaciones políticas de los habitantes de HK ya que hasta ese entonces, nadie estaba para nada interesado en la democracia y muchos entendían por actividad política, simplemente saber acomodarse a ese extraño status quo de liberalismo económico y administración colonial que la ciudad protegió por muchos años. Pero hasta 1989, el año donde empezaron a imaginarse los problemas y la política entonces, retorno a HK

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